
Sin ninguna duda, para sostener la continuidad de su política Israel precisa -imperiosamente- que nadie le señale ni recuerde sus crímenes. Es por ello que su Embajador en Argentina, Gazit, como Ángel Barman -vicepresidente de la AMIA- han reclamado a nuestro gobierno que “erradique” (con lo que significa esta palabra en nuestro pasado reciente) a quienes levantemos la voz contra su política.
A pesar de que hace más de un año numerosos ciudadanos argentinos denunciaron ante los estrados federales –de Capital Federal, como del interior del país- semejante convocatoria al crímen político, ningún juez ha llamado –aun- al Embajador Gazit ni a Ángel Barman, mostrando –otra vez—que gran parte de nuestra justicia mira con un solo ojo: el de la derecha.
Todo esto me lleva a iniciar una huelga de hambre, a partir del día 10 de noviembre próximo, como forma de hacer pública: mi situación de rehén de la Embajada israelí y del gobierno nacional, y la existencia de presos políticos populares en el gobierno de los DD.HH. Responsabilizo por lo que pueda sucederme a la Sra. Presidenta de la Nación, a sus Ministros y al Poder Judicial de la Nación.
¡Libertad a los presos políticos del pueblo!
¡Mejoramiento de las condiciones carcelarias!
Roberto Martino